Mantenimiento | Fiabilidad

¿Formación Profesional Reactiva?

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Imagen del artículo ¿Formación Profesional Reactiva?

José María Gurría Llorente
APM Strategy & Reliability SME
GE Digital PG&OG

LA FORMACIÓN EN MANTENIMIENTO

Mantenimiento es una palabra que engloba un amplísimo conjunto de conocimientos y disciplinas. Desgraciadamente se tiende a simplificar toda su dimensión e importancia.

Véase la segunda acepción del diccionario de la RAE:

“Es el conjunto de operaciones y cuidados necesarios para que instalaciones, edificios, industrias, etc., puedan seguir funcionando adecuadamente.”

Alcanzar conocimientos solventes en el campo del mantenimiento y la fiabilidad requiere de estudio, formación continua y sin duda de la práctica a lo largo de un periodo de tiempo nada despreciable o inclusive toda nuestra vida profesional.

Muchas son las formas en las que se ofrece formación específica e intentaré describirlas desde mi experiencia personal habiendo vivido o evaluado la mayoría de ellas. En cierto momento de mi vida como estudiante y más tarde como profesional.

El lector o lectora ideal que puede encontrar algo interesante en este artículo y su inevitable debate posterior o reflexión, se situaría entre:los docentes de algunos de las formaciones mencionadas, los miembros de la AEM u otras asociaciones, personas con responsabilidad en el desarrollo de su equipo de trabajo, técnicos de selección y sobre todo personasen pleno itinerario formativo, ya sean indecisos o con iniciativa para seguir formándose.

Estableceremos 2 categorías principales de formación.

  • La Formación Reglada
  • La Formación no Reglada

La Formación reglada, como su nombre indica, establece unos criterios curriculares, normalmente en forma de asignaturas, módulos o cursos de especialización con contenidos y carga horaria definida en ECTS (1 ECTS = 25 horas dedicación-esfuerzo alumno).

Criterios definidos a nivel estatal, pero con variaciones a nivel autonómico o de las diferentes universidades. Cabe pensar que estos criterios nacen en respuesta a la necesidad propia de esas regiones y de su tejido industrial. Una necesidad francamente difícil de valoraren un panorama cada vez más globalizado o internacional que está afectando a muchas de nuestras industrias patrias.

Por nivel de acceso empezaremos desde el más elemental, el de la formación profesional. En concreto: la formación profesional básica, el grado medio y el grado superior de mantenimiento de equipos industriales, ahora rebautizado mecatrónica.

A lo largo de este itinerario de 6 años el estudiante puede optar por un camino “generalista” de electromecánica donde adquirirá gran volumen de conocimientos. O bien especializarse tanto en el grado medio como en el superior en tipos específicos de instalaciones o equipos concretos como automoción, instalaciones frigoríficas, térmicas, de fluidos, químicas, alimentarias, edificios, etc....donde la profundidad y la calidad de lo aprendido puede ser más útil a la hora de incorporarse al trabajo.

Los centros que ofrecen formación profesional tienen talleres, relativamente actualizados que ofrecen suficientes medios para conseguir la familiarización del alumno con el entorno industrial, incluso antes de acudir a las prácticas. Módulos como los dedicados a la automoción normalmente cuentan con “activos” reales para realizar las prácticas.

Algunos puntos que destacar tras la somnífera lectura de los BOEs y currículos oficiales:

  • El módulo: “Procesos y gestión del mantenimiento y de la calidad” se convierte en una asignatura específica, sólo en el grado superior y compartiendo la carga horaria con calidad, para un total de dedicación de 80 horas del total de 2000 horas.
  • Las asignaturas específicas relacionadas con elementos de máquinas, electricidad y automatismos, delineación, cálculos básicos de instalaciones, programación, representación gráfica, montaje y desmontaje...representan el grueso de los currículos y están bien estructuradas. Una herencia notable de la antigua FP, que formaba profesionales bastante cualificados para su incorporación a las empresas.
  • Asignaturas como Formación y Orientación Laboral y Empresa e iniciativa emprendedora, pretenden ayudar al estudiante a conectar con la búsqueda de empleo, el emprendimiento, la normativa laboral y de seguridad. Y es la única asignatura en la que se menciona la palabra “cultura empresarial”.
  • Las prácticas en empresa, o “FCT” (formación en centros de trabajo) suponen unas 400 horas, unas 10 semanas en las que el estudiante, muchas veces tiene su primer contacto con la vida “laboral”. Y al margen de los ambiciosos objetivos curriculares tiene una exposición bastante sesgada y dependiente de la cultura, necesidad de mano de obra, y recursos disponibles para recibir y atender al alumno.
  • Las nuevas modalidades de la FP, como la FP dual desde mi punto de vista están aún en fase de prueba y requieren de cierto tamaño y recursos en la empresa receptora para garantizar el éxito de la formación y que se obtengan beneficios para ambas partes.
  • Este 2020 se han incorporado nuevos cursos de especialización para complementar al grado superior, ofrecidos en algunas autonomías: Especialización en digitalización del Mantenimiento industrial y Fabricación inteligente. Revisando su temario encontramos un enfoque más profundo y metodológico que en el grado superior (RCM, AMFE, RCA).
  • Quiero resaltar que sorprende que, en la Titulación requerida para impartir la formación profesional relativa al mantenimiento, inclusive aquellas asignaturas específicas, no se menciona titulación o especialización relevante al margen de las Ingenierías “generales”.
  • También es reseñable la indiferencia administrativa ante la experiencia “industrial” necesaria para impartir este tipo de formación.Ya que en contraposición, para impartir cualquier formación de tipo privado o empresarial, el formador habitualmente debe de presentar sus credenciales. Y el alumnado valora muy positivamente la experiencia.
  • El nivel académico de los alumnos de FP puede limitar la posibilidad de aprovechamiento en materias que requieran de conocimientos matemáticos, física, química, inglés, razonamiento lógico o comprensión lectora.

La formación universitaria se divide entre grados, másteres, diplomas y expertos. Aquí existen fórmulas tanto públicas como privadas.

Los Grados, las “nuevas” ingenierías, siguen manteniendo bloques comunes tradicionales (matemáticas, física, química, expresión gráfica, informática...) y materias troncales más específicas como Mecánica, Electricidad o Electrónica, Telecomunicaciones, Química...

  • Rebuscando por las guías docentes sorprende ver que sólo el grado en Ingeniería en Organización industrial incluye “Sistemas de Gestión del Mantenimiento Industrial” con una carga de 6 ECTS en sus asignaturas troncales.
  • “Fiabilidad industrial” aparece como asignatura optativa en el mismo grado con una carga de 4 ECTS aproximadamente, pero exclusivamente en algunas universidades.
  • En contraposición, la asignatura “Organización de la producción” es troncal y con la misma carga lectiva en la mayoría de los grados de ingeniería.
  • Salvando raras y honrosas excepciones como los Grados de ingeniería de máquinas navales y de explotación de Minas (algunos en extinción), donde el enfoque en tipos de equipamiento y explotaciones concretas hace que el mantenimiento de éstas forme parte de las asignaturas, se hace difícil encontrar muchas menciones al mantenimiento.

Los Másteres, que vienen a ser la prolongación de las Ingenierías hacia especializaciones y una titulación superior, ¡por fin!, ofrecen titulaciones específicas de mantenimiento, la mayoría títulos propios de las universidades, oficiales y no oficiales. Como apunte, esta última diferenciación no condiciona la buena práctica del mantenimiento industrial, pero sí la puntuación en oposiciones y obtención de títulos.

  • En este caso, sorprende que en un Máster oficial como “Organización industrial” el mantenimiento tenga tan poca representación en el programa; siendo un pilar fundamental para garantizar la producción, servicios elementales y proteger a personas y medio ambiente.
  • Afortunadamente no siendo así en las titulaciones específicas como: los Másteres en Ingeniería de mantenimiento, algunos bien complementados con técnicas de diagnóstico; la Maestría en Confiabilidad, Mantenibilidad y Riesgo y algunas diplomaturas y cursos expertos que están disponibles en nuestra geografía.
  • Se presentan tanto en formato on-line, como presencial y semipresencial. Estas nuevas fórmulas han permitido continuar la formación a innumerables profesionales que trabajando a tiempo completo tienen dificultades para continuar y sobre todo, conciliar su desarrollo.
  • Los formatos a distancia han permitido también que los precios sean más razonables.
  • Los requisitos de acceso varían conforme a que la titulación sea oficial o no, y si se quiere obtener ese título oficial o no, permitiendo recientemente acceso a la formación por experiencia profesional. Abriendo la posibilidad de formarse a otras titulaciones no universitarias, aún cuando el título resultante no sea el mismo.
  • En contraposición a la formación profesional, aquí sí, la calidad del Máster o su idoneidad se suele evaluar por la preparación y experiencia de sus ponentes, académica, pero ante todo profesional.
  • Aquí contaremos con alumnos con formación académica y alto grado de autonomía, así como personal experimentado que puede aportar al aprendizaje grupal, compartiendo sus experiencias.

En la formación no reglada englobaremos el ecosistema de materias básicas o complementarias de formación relativa al mantenimiento y su infinidad de formatos. Una gran mayoría parten de la iniciativa privada, pero no todas tienen un carácter meramente lucrativo, como las que nacen de asociaciones o las nuevas fórmulas derivadas de nuevos canales de comunicación, de las que hablaré más adelante.

Los cursos y seminarios de pago o gratuitos normalmente versan sobre un tema concreto (Análisis de Vibraciones, RCM, Gestión de activos), su temática suele responder a la “creación de necesidad”. Aumentar los conocimientos de los técnicos en mejores prácticas o tecnologías es una necesidad para facilitar la preventa tanto de productos como de servicios. La virtud de este tipo de formaciones radica en el acompañamiento y una colaboración real y transparente entre proveedor y empresa. Unos objetivos y una evaluación de los resultados.

Suelen ser presenciales o remotos con un instructor en vivo, mediante videoconferencia.

Un formato que ha mejorado muchísimo con el paso del tiempo. Con un buen docente con experiencia en tele-formación la experiencia puede ser igual de inmersiva que una presencial.

Aquellos que se ofrecen en formato video pueden ser igualmente instructivos, pero tienden a dejar algunas lagunas si no se planifica el necesario seguimiento o un lugar donde interactuar con los formadores. La flexibilidad de este formato es uno de los grandes atractivos, ya que permite la formación de “oportunidad” y no depende de calendarios, número de inscritos, desplazamientos o la situación provocada por la pandemia. Así mismo, ofrece una alternativa algo más económica tanto a organizaciones como a las empresas de formación.

Se pueden ofrecer prácticas: en forma de cuestionarios, role playing, simuladores de procesos industriales, de averías, simulaciones en 3D, videojuegos orientados a la formación, inclusive experiencias de realidad aumentada. Conforman uno de los sectores con mayor impacto y desarrollo en la formación. Tras el forzoso y doloroso confinamiento supone una de las alternativas tomadas por muchas empresas de formación tradicional on-site.

Desde algo tan “sencillo” cómo preparar un carné de operador de puente grúa, hasta la planificación de tareas de desmontaje de un motor de avión. Aquellos cursos de diagnóstico de averías a través de un software de análisis también han visto grandes beneficios en el uso de simulación por software.

La duración suficiente de un curso debe permitir una experiencia interactiva donde se hacen preguntas y se plantean problemas reales, una buena planificación de contenidos y un buen docente garantizarán el éxito de dicha formación. La barrera de comunicación de la formación on-line cada vez es más fina y nos estamos adaptando con naturalidad.

También ha mejorado mucho la descripción de los cursos, la manera de publicitarlos, de ajustar su contenido a diferentes niveles y a la demanda, ya sea real o “tendencia”.

Los libros que se cuentan por cientos, quizás miles, tanto en lengua española o extranjera. Los clasificaría como:

  • Comerciales: No por su contenido, más bien por su intención de dirigirte a un método, producto, servicio o software con nombre, apellidos y página web. Si consumes literatura de mantenimiento son inevitables y suelen aparecer con las tendencias.
  • Puristas: Necesarios, las biblias, metodológicos, con lenguaje académico, ingenieril e investigador. Salvaguardan las buenas prácticas, los datos, las justificaciones y deben estar ahí para consultarlos. Sobra decir, que visten extraordinariamente cualquier librería, pero a veces pecan de poco prácticos.
  • Didácticos: Que enseñan y aportan ejemplos de implementación o práctica de aquello que se pretende predicar a través de una historia. Ya sea real o pseudo-ficticia, son los que más atrapan al lector. Y por desgracia los más escasos, aquellos que se vuelven a leer, porque gustan. “Making common sense common practice” de Ron Moore sería un gran representante de ese estilo de novela industrial.
  • También Originales, que se salen de la norma, versiones y revisiones de los puristas, conglomerados de normas o estándares, colecciones... la literatura es rica y enriquecedora.

Pero por desgracia, pocos libros cuentan historias de fracaso, en las que se encuentran las lecciones más importantes. Quizás sólo aquellos que por la relevancia catastrófica han trascendido, como los de Trevor Kletz, que ahondan en los desastres industriales. Si bien existen buenos estudios formales “sobre accidentes organizacionales” en realidad faltan libros sobre “problemas cotidianos” narrados de manera sencilla.

Mención aparte para los audiolibros, un gran invento para aquellos que empezamos a necesitar gafas de cerca, o que no encontramos ese tiempo relajado donde ponernos a leer. También al e-book, o libro electrónico, donde puedes llevarte la biblioteca de casa y consultarla allí donde la necesites, así como ampliar el tamaño de letra cuando tengas la vista cansada.

Las revistas, son un medio atractivo pero cada día están cediendo mayor terreno a los nuevos medios de comunicación en la web. Extrapolándolo al mundo de las revistas temáticas de hobbies podemos ver que la cantidad de contenido en la web es tan grande que el esfuerzo editorial pierde el sentido cuando con un simple articulo en un blog podemos dirigir, “linkar” todo lo que podríamos meter en una revista y mucho más.

Las Certificaciones en mantenimiento y fiabilidad, los BOK (Book of knowledge). En general son marcos o temarios más o menos completos, más o menos profundos, sobre aquello que compone los pilares y múltiples ramificaciones de nuestra profesión. Los hay granulares, por bloques, por niveles, por especialidades, por normas...Todos comparten que, tras su preparación, ya sea libre o de pago se evalúan mediante un examen. Algunos de ellos son realmente duros y con tasas de aprobado muy muy bajas (ASQ-CRE). Se diferencian de la formación reglada en que el acceso es completamente libre en cuanto a titulaciones y sólo se debe justificar unos mínimos de experiencia. Una vez lograda la certificación, exige a la persona certificada renovaciones periódicas en forma de esfuerzo en formación continua o contribución a la comunidad con publicaciones, presentaciones en conferencias, etc.

No quiero mezclar las anteriores, con las específicas de mantenimiento predictivo,o conforme a normas ISO. Estás tienen requerimientos más claros, inclusive entidades que realizan las auditorias pertinentes.

LA NUEVA ERA "DIGITAL" Y SUS CANALES DE COMUNICACIÓN/FORMACIÓN A DEMANDA

  • Los MOOC (Massive Open Online Course providers) como Coursera, Udacity, Edx... son plataformas que ofrecen contenido gratis o a precios muy razonables de universidades y centros de formación. Una ventaja sobre la formación tradicional es la cantidad de opiniones y valoración global del curso por parte de los usuarios. Que nos permitirá saber mucho sobre la formación que pretendemos afrontar. El sistema de las “estrellitas de amazon” se extiende cada vez más, inclusive para los que somos proveedores de servicios. Hace años tener un feedback sobre un producto o servicio requería de encontrar a alguien, normalmente conocido con el que charlar al respecto.
  • Los foros, comunidades y plataformas, algunas de estas últimas, quedan abiertas tras realizar una formación para seguir relacionándose. A veces con formatos de subscripción y acceso a contenidos “extra”.

Un ejemplo interesante, aunque no versa de mantenimiento es el formato de ThepowerMBA uno de los ejemplos más exitosos de disrupción formativa, de comunidad y plataforma de formación y emprendimiento. Sus claves, para mí: Precio, el que no tiene barreras de entrada por titulación, el dinamismo, los contenidos simplificados y lenguaje llano. Ni es un MBA, ni aspira a ello. Aquí se abre un debate, también aplicable al mantenimiento:

¿qué es mejor: 1 especialista o 1000 personas con nociones básicas?

Sin entrar en mucho detalle su planteamiento es similar, a mi parecer, al de los resúmenes de Libros. Un ejemplo sería “getabstract”, una web que se dedica a sintetizar libros, algo que no es realmente un spoiler, pero asegura el tiro y responde a la pregunta clave: ¿Merece la pena que invierta mi tiempo/dinero en adquirir estos conocimientos, o profundizar en los mismos? o ¿Voy a pagar por ese paquete extra de contenido que me están ofreciendo?, ¿Debería hacer un MBA de “verdad”?. Son los nuevos modelos de suscripción, los nuevos “carnés de la biblioteca”.

Por otro lado, y en su paquete básico gratuito, tenemos LinkedIn: la mayor red profesional del mundo, que ahora brinda formación “a medida” de los datos que obtiene de nuestra navegación y perfiles, pero también propaganda.

Quiero destacar que mantener una buena red profesional, aunque sea de manera virtual, puede aportarte valor en forma de contactos. Éstos son personas a las que en un momento dado te puedes dirigir. También enlaces a artículos, blogs personales, estudios, eventos, incluso ofertas laborales.

Así mismo, existen los “creadores de contenido” y me gustaría diferenciarlos de los influencers. Son gente que plantea debates y cuestiones abiertas en hilos de grupos específicos, por marketing, por ego o por una verdadera vocación docente. En LinkedIn hay bastante más información de la que podemos percibir a simple vista en la página de entrada.A veces hay enlaces a documentos íntegros y publicaciones en otras plataformas que pueden ayudarte mucho.

Las Newsletters, que llegan a nuestros e-mails suelen estar alimentadas por intereses comerciales y pocas son capaces de mantener conectado al lector en el tiempo, más aún cuando empiezan a mezclarse con propaganda lo que tarde o temprano las empuja al abismo de la carpeta de spam.

Los Blogs han sido para mí, fuente de ideas e inspiración, pero cada día ceden más terreno al que considero el formato estrella el Podcast. Una grabación de sonido ya sea monólogo, diálogo, una entrevista, una mesa redonda... en las que los participantes exponen temas de manera muy natural y fresca.

La duración puede ser desde pequeñas píldoras de varios minutos hasta máximo 1 hora. Puedes descargarlos y reproducirlos en cualquier momento, tú eliges el menú y no cansa la vista. La producción es francamente sencilla y requiere menos tiempo del que me ha costado redactar, formatear y revisar este artículo.

Twitter: El sistema de publicaciones de mensaje corto, de impacto, de propaganda o de reivindicación, al menos a mí, cada vez cuesta más seguirlo.

YouTube y sus tutoriales, documentales, reportajes, clases grabadas y cursos, nunca dejes de hacer una búsqueda. ¡Te sorprenderás!

La Televisión a demanda, tiene canales específicos con reportajes de manufactura, ingeniería, grandes reparaciones, análisis de catástrofes y accidentes...todo aporta información. Especialmente si estás muy enfocado a una sola industria, ver otros mundos puede abrir tu mente.

Y por último Google, el omnipresente buscador que puede ponernos en la pista de toda la formación que he mencionado en este apartado, algún Wiki normalmente pobre, o perdernos en el infinito de internet.

Mención aparte, como guía de formación para identificar campos a explorar o nuevas habilidades, es una buena práctica revisar frecuentemente las ofertas de empleo. Para ver la adecuación de nuestro currículo, que recomiendo actualizar al menos una vez al año. Incluso si no estamos buscando empleo. Adaptarnos a los tiempos, al lenguaje, las tendencias e identificar necesidades sobre el papel es un buen ejercicio si no tienes quien te guíe o estés embarcado en un plan de carrera. Un concepto cada día más escaso en la empresa actual.

CÓMO SE FORMA UN PROFESIONAL DE MANTENIMIENTO

Como en todo en la vida, existe una curva de aprendizaje marcada por nuestra experiencia y conocimiento acumulado. Pero mucho más, por el momento personal, socioeconómico, profesional, empresarial, así como las nuevas tendencias y el cambio generacional.

Voy a tratar de describir varios itinerarios profesionales. Allí, en la empresa, que es donde se forma en realidad el profesional de mantenimiento. Complementando su progresión con las opciones del apartado anterior.

  • Si no tengo experiencia ni formación, algo cada vez más raro encontrar en un puesto de mantenimiento por bajo que sea, mi recomendación es la de devorar las ofertas de formación gratuita para empleados que muchas administraciones locales ofrecen, incluso con bolsas de empleo (soldadura, autómatas programables, hidráulica, neumática...). Si se puede conjugar el trabajo con empezar una FP básica o grado medio relacionada sería ideal. En caso contrario, una vez alcanzado un mínimo de experiencia de 5-6 años, exploraría la acreditación de competencias profesionales. Una fórmula que me parece muy interesante.
  • Si tengo una formación profesional básica o grado medio, y estoy en mis comienzos la mejor baza es conjugar trabajo con estudios para escalar en categoría profesional y si fuera posible terminar un grado superior que nos abriría puertas a puestos de supervisión. En contraposición, también podemos perseguirla especialización. La cantidad de técnicos de alta cualificación por ejemplo de “montaje” en campos como la mecánica, está en declive, son perfiles buscados y con seguridad volverán a estar muy bien remunerados a medida que el cambio generacional se consolide.
  • Con un grado superior de FP estaremos, sobre el papel, en buena disposición para tener un correcto desarrollo profesional que nos puede llevar a puestos de supervisión, de Planner, de Jefe de Mantenimiento, Técnico especialista, inclusive técnico comercial. Aquí también debemos centrarnos en acumular experiencia y seremos un perfil, hoy por hoy, muy empleable y versátil. A este nivel y en realidad a todos los niveles, si buscamos progresar veo muy positiva la formación específica en habilidades interpersonales, comunicación eficaz, escucha activa, gestión de conflictos, inteligencia emocional, así como gestión de proyectos (el obtener una certificación como el PMP puede ser un buen objetivo). Se traducirán en refinar el estilo de liderazgo y ser mucho más organizados, dos habilidades importantísimas para una persona de mantenimiento.

Dependiendo del perfil nacional o internacional de nuestra empresa podemos considerar otras especializaciones y acreditaciones locales o internacionales. De alguna manera, nos mantendremos activos en nuestro particular ciclo de “mejora continua” y seremos capaces de documentarlo.

  • Desde una ingeniería generalista, la prioridad sería intentar adquirir el máximo de experiencia a pie de máquina. Normalmente estos profesionales, a no ser que compatibilicen trabajo y estudios o hayan tenido suerte en las prácticas, tienen una preconcepción teórica del mantenimiento, inclusive de la industria que dista de la realidad, y el aterrizaje puede ser duro. “Hay que dejar de mirar a través de la ventana de las métricas y bajar a planta”. Cuanto más inmersiva sea su experiencia, y sí, hablo de “mancharse las manos” si fuera necesario, más autonomía y confianza ganarán. No sólo propia sino de sus compañeros de departamento. Los ingenieros cuentan con una capacidad entrenada durante sus estudios, de aprender y de analizar por lo que pronto adquirirán las competencias necesarias para proseguir. Si además tienen espíritu crítico e inconformista encontrarán pronto oportunidades para su desarrollo, donde otros ven más trabajo. Si, por otro lado, tenemos un perfil menos orientado a la acción, podemos buscar cobijo en puestos puros de gestión, diseño, fiabilidad, calidad, seguridad, procesos... pero el paso anterior siempre nos brindará mayor credibilidad.

Algo que hay que tener claro es que una vez alcanzado determinado nivel, normalmente hay que decidir si queremos ser el mejor técnico, tecnólogo, dirigir personas, explorar otros campos como la parte comercial, ser consultor o la docencia e investigación. Pero esto es otra historia...

El devenir laboral normalmente nos irá marcando el camino. Pero hay que abrir bien los ojos para vigilar las tendencias y dinámicas para identificar nuestras necesidades de formación a medio plazo. ¡El corto plazo es reactivo! Ejemplos recientes han sido la ISO55000 de gestión de activos y la digitalización del mantenimiento y la producción. Pero también tecnologías como la búsqueda de fugas por cámaras ultrasónicas, los análisis on-line de motores eléctricos, los algoritmos predictivos, nuevos softwares de movilidad, monitoreo, plataformas, análisis, entrenamiento y simulación, Big data, Bussiness Intelligence...

Siempre debemos tener un ojo dentro de nuestra empresa y otro fuera. Si la empresa no nos apoya y no nos brinda esa posibilidad de realizar cursos y participar en conferencias, habremos de buscar y aprovechar recursos disponibles o invertir en nosotros mismos. “El que algo quiere, algo le cuesta”.

Llegado el momento y acumulada cierta experiencia trabajando en varias empresas o plantas, en diferentes estados de madurez desde el reactivo al proactivo y en diferentes etapas de la vida de los activos, nuestro bagaje será entonces perfecto para afrontar un Máster de Ingeniería de mantenimiento y fiabilidad.

Quiero resaltar que esta es una opinión totalmente personal y mi justificación es la siguiente:

El aprendizaje diferencial entre lo que conocemos y las buenas prácticas teóricas y metodológicas que recibiremos en el Máster, es la mejor manera de afianzar conocimientos. Afrontar una formación con respuestas a problemas que no tenemos, difícilmente nos aportará los beneficios esperados. También es muy importante tener un lugar donde poner en práctica lo aprendido, porque si no, simplemente lo olvidaremos.

El contexto temporal ideal para iniciar un máster podría ser el previo a cualquier transformación significativa de los procesos o de la empresa.Si es un período de incertidumbre, como lo es éste que vivimos, nos mantendrá la mente ocupada.Los periodos de cambio suelen ser los que brindan oportunidades y en los que nunca conviene limitarse a esperar.

Complementar la formación específica con Idiomas e informática siempre será una baza a nuestro favor, para redondear el perfil. Parece mentira, pero hoy en día sigue siendo un diferenciador en los procesos de selección y en el crecimiento profesional dentro de la empresa. En un mundo globalizado no podemos autorestringirnos al entorno local.

Un ejemplo: cuando viene algún técnico de fuera a solucionar un problema. Le acompaña aquel que puede comunicarse correctamente. Por lo que la mayor parte del conocimiento se queda en ese individuo. Igual pasa cuando hay que mandar a alguien a algún sitio.

No todo el mundo tiene la misma definición del éxito de una formación. Quizás es completar una semana de formación, pasar las pruebas, obtener el título...Pero si atendemos cualquier formación debemos siempre exigirle el llevarnos a casa una buena lista de ideas, acompañada de unas buenas notas e idealmente un dónde, cuándo y cómo empezar a implementar lo aprendido. Un profesional de mantenimiento siempre lleva un cuaderno de notas.

LA “TEORÍA DE LA REACTIVIDAD”

¿Por qué un profesional del mantenimiento llega a acostumbrarse a vivir en modo Reactivo?

Por reactivo, no sólo me refiero a que en su entorno se produzcan accidentes inesperados, fallos catastróficos, fallos recurrentes, sobrecostes, impactos en la producción, en la seguridad, en el medio ambiente...

Son varias decenas de veces las que lo he observado, inclusive en organizaciones que se suponen “world class”. Existe una especie de síndrome de Estocolmo, que tarde o temprano hace ceder incluso a los más inconformistas.

Grandes profesionales cayendo en las redes del héroe del correctivo, la autocomplacencia en métricas “lagging” y comentarios como: “somos los mejores”, “siempre se ha hecho así”, “esto no nos hace falta”, “eso ya lo hacemos”, “tenemos redundancia”, “tenemos repuestos para todo”, “el RCM es una pérdida de tiempo”, “no necesito más datos en el GMAO”...

Una y mil veces la resistencia al cambio se hace fuerte, la inercia, la cultura, pero también el hastío, el aburrimiento y la incertidumbre son el enemigo a vencer. ¿Por qué?, simplemente porque frenan y detienen los ciclos de mejora continua junto con el desarrollo de la empresa y de sus profesionales. La falta de visión a largo plazo, o al menos a medio, penaliza la motivación.

Los estilos de liderazgo y la comunicación eficaz a todos los niveles de la organización junto con la transparencia son claves para contrarrestar los efectos de la frustración. Y es que no suena igual un: “Hay que bajar el presupuesto de mantenimiento un 30%”; que un “la situación actual de la empresa es “Y” y necesitamos trabajar para optimizar el presupuesto de mantenimiento con el objetivo “X”. El micromanagement es otra lacra, que no llevamos bien en mantenimiento, un departamento que valora la autonomía.

De alguna manera la crisis de la que empezábamos a salir y la transformación digital en la que nos hemos embarcado hará ya unos cuantos años era necesaria. Los requisitos iniciales, algo etéreos, de la ISO55000 requerían de una transformación profunda a todos los niveles y ha sido la digitalización la que ha venido para acelerar el cambio, concretando y aterrizando algunas de las demandas de la norma. Especialmente el “line of sight” o alineamiento.

Tras una primera etapa pionera, en la que no todo el mundo estaba preparado y donde los resultados han sido de lo más variopintos, finalmente las empresas han entendido que la digitalización no es, sino otra herramienta más de optimización de procesos, complementaria a otras tantas existentes como pueden ser el Lean o el mismo RCM.

Se ha abusado ciertamente de la palabra disrupción, pero afortunadamente para nosotros, los que nos dedicamos al mantenimiento, no ha tenido un efecto tan dramático como lo ha sido para otras profesiones, al menos por el momento.

Tras esta contextualización y con los itinerarios formativos descritos en el anterior apartado, podemos pensar que estamos listos a nivel individual para plantar batalla e intentar transformar nuestras organizaciones. No obstante, siguen faltando recursos formativos específicos para ello. Si no hay personas preparadas, abiertas y dispuestas a promover una transformación, o al menos a reflexionar sobre el cambio dentro de la organización, difícilmente un desembarco “a lo Normandía” de consultores externos logrará su fin.

Tampoco servirá el fichaje estrella de recursos externos, que han visto “otros mundos” tendrán una tarea lenta y dolorosa por delante, aunque logren conseguirlo. Es de nuevo una de las razones por la que no recomiendo los Másteres de Ingeniería de Mantenimiento sin tener cierta experiencia, ya que, si nos fichan como punta de lanza para iniciar algún programa en un entorno reactivo, es como saltar al circo de Roma, con los leones con hambre y sin haber cogido una espada antes.

Por desgracia, salíamos de una crisis para meternos de lleno en la peor pandemia, ante lo que las organizaciones, sobre todo las reactivas, hacen que de nuevo se resienta el presupuesto en formación mientras que otras invierten para no dejar escapar el talento. ¡Ahora más necesario que nunca!

Indudablemente una gran corporación cuenta con bastantes recursos para ofrecer a los empleados herramientas de desarrollo personal. Pero están emergiendo algunas posibilidades más democráticas fruto de los tiempos que corren. Hoy casi todo gira al ritmo de internet y podemos encontrar algunas soluciones interesantes.

Una herramienta que creo altamente beneficiosa es el networking, otra palabreja en inglés para describir la relación entre personas de diferentes departamentos, puntos de vista, inclusive empresas. Ya lo dijo Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. ”1 y 100 veces en las que estamos atascados en un problema es más fácil resolverlo cuando se comparte con otra persona que no está directamente involucrada en ese problema.

En España pecamos de cierta vergüenza escénica, todavía para hablar en inglés y sobre todo para exponer nuestras limitaciones, inclusive para ir a un psicólogo cuando muchos de nosotros lo hemos necesitado en un entorno laboral de los más exigentes. No nos gusta exponer nuestros problemas, aun cuando ser capaz de reconocerlos es una de las mayores habilidades a nivel profesional y personal. Y compartirlos puede ayudar a muchísimos otros profesionales.

Tenemos cierto recelo profesional, incluso existe el pensamiento de que me pueden reemplazar si éste aprende “esto o lo otro”. Personalmente, hace tiempo que llegué a la conclusión de que mentalizarse de que “Me van a reemplazar tarde o temprano” es más productivo, si somos proactivos. Porque sí, nadie es imprescindible, y debemos buscar el empuje siempre hacia adelante. Formar personas capaces a nuestro alrededor debería ser una palanca de cambio o incluso una catapulta a nuestra carrera y no una limitación.

A veces tenemos miedo a ser juzgados dentro y fuera de la empresa, a que nos estigmaticen por expresar una opinión, es el momento de no maquillar la realidad, la situación de muchas empresas es crítica y exige transparencia. Somos profesionales, no políticos.

Realmente cuesta dar el paso, pero todos los profesionales de mantenimiento deberían encontrar en su foro de colegas el mejor lugar para practicar esas habilidades de comunicación y también el apoyo necesario, como colectivo para poder hacer lo que hay que hacer y plantar esa batalla a la cultura, al “status quo”, cuando sea necesario.

Por lo anteriormente expuesto, creo que es, por lo que no se crean los ambientes de confianza necesarios para promover una colaboración sana y abierta y la comunidad adolece de escasas incorporaciones y de nuevos puntos de vista.

Así que, sin violar la propiedad intelectual, ni si quiera rozando los límites de la confidencialidad que algunos tenemos con nuestras empresas, se puede y se debe hablar de Mantenimiento y Fiabilidad sin tapujos, sobre todo de esos problemas organizacionales que existen en tantos lugares y que siguen minando nuestro desempeño.

En 2020 un total de 780 trabajadores fallecieron en accidente laboral en España, hemos visto, de hecho, explosiones y accidentes bastante mediáticos en nuestra historia reciente. Quizás sea demasiado empático con cualquier accidente industrial o me estaré obsesionando, pero la percepción que tengo es que el componente organizacional-humano, y vuelvo a llamarlo reactivo, ha tenido que ver.

Así pues, mientras hacemos los RCAs de nuestros despropósitos, algo necesario, pero también reactivo, al otro lado del charco, se empiezan a ver iniciativas de “mentoring”, de grupos más abiertos de profesionales del mantenimiento, no para producir un estudio, ni una publicación, ni siquiera negociar un convenio, sino algo mucho más poderoso como: conectar, compartir e incrementar no sólo el conocimiento colectivo sino la cultura proactiva.

Estamos viendo también el declive de las grandes conferencias, incluso antes del covid, donde la discusión se centra en los casos, casi siempre de éxito. Y donde parece que siempre tiene que haber un comprador y un vendedor. He visto convocatorias para “papers” recientemente en la que se excluía a cualquier persona que tuviera intereses comerciales en el tema a presentar. Eso para mí, es un cambio de paradigma, ¿no creen?

Es una realidad que los mecanismos de venta y los canales han cambiado y está llegando la figura del “influencer” de mantenimiento, un generador de contenidos, de discusión, de reflexión... Los ha habido en el pasado, pero el marketing ha sepultado su mensaje y sobre todo su credibilidad.

Estamos un poco en el renacimiento y el “nuevo arte” pasa por algo tan sencillo como un podcast donde cada semana se tratan temas diferentes, con personas diferentes, y con puntos de vista diferentes, normalmente cualificados y soportados por una amplia experiencia, pero también novatos y ajenos a nuestra profesión. Es este tipo de contenidos, para nada reglados, ni evaluados sino vivenciales y radicalmente naturales los que considero necesarios para promover el cambio cultural. Una actitud sin prejuicios, proactiva, nos ayudará a extraer ideas y narrativa para soportarlas de esas entrevistas vivaces.

Si volvemos a extrapolar al mundo de los hobbies, los grupos de Facebook, Telegram, páginas dedicadas, reviews “independientes” the youtube, podcasts, inclusive eventos y reuniones informales que se generan es impresionante.

Vemos que las narraciones en tercera persona no llaman la atención de los nuevos profesionales, tampoco de los más experimentados, que pronto desconfiarán de cualquier historia que el que presenta no haya vivido o no sea capaz de contestar naturalmente a cualquier pregunta incomoda.

Y es que, una vez terminado nuestro paso por lo académico, necesitamos seguir nuestra formación como profesionales, no necesariamente formación técnica. Ya que ese catálogo de formación sí, que está disponible.

De alguna manera, creo que la verdadera madurez como profesional del mantenimiento, se alcanza cuando entendemos la necesidad de aportar cada vez más valor añadido a nuestro trabajo. No sólo necesitamos conocer nuestro valor, sino perseguir siempre ese objetivo.Y lo que es más importante, ser capaz de demostrarlo y comunicarlo a todos los niveles de la organización, inclusive “venderlo”. Porque sin valor, no hay organización, ni empresa, ni beneficio y difícilmente podremos seguir ejerciendo.

A menudo me he encontrado situaciones en las que el profesional de mantenimiento tiene que ser capaz de educar, a las capas ejecutivas de la empresa, para lograr su apoyo y que se involucren en iniciativas que son impulsadas de abajo a arriba. Muchas veces la continuidad de un programa depende literalmente de que el nuevo CEO la soporte, parece increíble pero los CEOs vienen y van, más de lo deseable, a veces no aguantan ni una “legislatura”.

Con esa madurez, y sólo en ese momento decidimos qué camino tomar, que educación recibir o inclusive que información compartir y también percibimos cierta responsabilidad “social”. Independientemente de ser un ayudante, un oficial, un técnico, un supervisor, un planner, un jefe de mantenimiento, ingeniero de fiabilidad, un gestor de activos o inclusive un consultor.

No puedo cerrar este artículo de opinión sin hablar de la experiencia. Esa que nos piden en las ofertas de trabajo pero que no está catalogada, dimensionada y cuantificada en euros. Y es que no sabemos cuánto conocimiento desaparece y se evapora cada vez que se jubila merecidamente un profesional. Pocas organizaciones reconocen haber hecho un ejercicio de evaluación de riesgos al respecto.

Ahora mismo, tenemos accediendo al mercado laboral, a personas que jamás verán determinadas fallas fuera de los libros y que tampoco están familiarizadas con los indicios que las preceden, un riesgo que se puede traducir en accidentes. También el riesgo del exceso de monitorización ya que estos profesionales se limitarán a responder en muchas ocasiones alas órdenes de un diagnóstico automático, de una alarma, por lo que tendrán bastante atrofiado el sentido de alerta. Francamente creo que estamos entrando en un período peligroso.

La voz de la experiencia es un patrimonio que debemos de preservar y sorprende la poca atención que muchas organizaciones han puesto en este cambio generacional. Muchas formaciones y servicios siguen enfocados en la última tendencia, como la digitalización y no en afianzar conocimientos que en breve serán críticos para muchas organizaciones. Muchos de los clientes de APM, persiguen en última instancia preservar no sólo información, sino la lógica de la toma de decisiones que hasta ahora no se ha documentado y sólo está en la mente de esos profesionales que están “de salida”.

Creo que es bueno para ganar comprensión en esta dinámica poblacional y laboral, hacer una lectura del Plan de modernización de la FP o cualquier estudio demográfico.

Éste recalca la necesidad para 2025 y aquí somos reactivos nuevamente, de perfiles de alta y media cualificación. Los de alta cualificación, si somos capaces de que se queden, vuelvan a España o completen esos itinerarios que he descrito acompañados de la experiencia, no deberían ser un problema. Pero la “media cualificación”, en realidad alta, que necesitamos para nuestros técnicos se empieza a resentir.

En Estados Unidos han constatado que repatriar empresas sin trabajadores cualificados es francamente difícil. Más del 80% de contratistas se quejan de no encontrar perfiles técnicos cualificados, es el “shortage of skilled craft workers” y hay multitud de noticias, y personas influyentes que lo avisaban. Muchas voces de la comunidad del Mantenimiento y la Fiabilidad.

Me ha llamado la atención un término utilizado en el informe donde habla de:

  • Formación Profesionalizante: personas que pueden acreditar tanto formación como experiencia y que asume como más empleables.
  • Formación no profesionalizante: que carecen de cualquier acreditación profesional y por lo tanto se encuentran en inferioridad para los procesos de selección.

Me centraré en el grupo profesionalizante y en su distribución que podemos ver en los siguientes gráficos:

GRÁFICO 3
GRÁFICO 5
TABLA 1

Lo que yo interpreto es que existe un gran número de personas sobrecualificadas, al menos en lo académico, un término que para nada me gusta, porque cuanto más cualificada esté una persona mejor. Pero creo que supone una de las causas de que exportemos tantos ingenieros, que han ido a buscar mejores oportunidades por la “devaluación” que han sufrido en nuestro país. Se ha descuidado esa forma de barril en la estructura formativa que podemos ver en otros países europeos. Para corroborar y asimilar este argumento os recomiendo una búsqueda sencilla en un portal de empleo por la palabra Mantenimiento y jugar con los filtros de años experiencia y titulación, os dará la foto más completa. A partir de ahí, espero que alguno de los itinerarios descritos os ayude con el siguiente paso.

Y como cierre de esta extensa reflexión, pienso que un profesional del mantenimiento debería siempre aplicarse a sí mismo unos patrones similares a las que aplica a los activos bajo su responsabilidad, ya que para ello estamos formados. Esas reglas son:

  • Identificar los riesgos para nuestra salud, familia, imagen, empleabilidad, carrera profesional, posición, industria, empresa, campo de actuación, país, región, medio ambiente...
  • Tener una visión a corto, medio y largo plazo. El mes que viene, 1 año y 3 años. Tras lo vivido este 2020 quizás mejor no mirar mucho más lejos. Pero lo mínimo para planificar proactivamente.
  • Ser disciplinado en la mitigación de esos riesgos: actualizándonos, apostando por la formación continua y vital, la búsqueda de retos fuera de la empresa, el intra-emprendimiento, evitar la autocomplacencia.
  • Dedicar tiempo al mantenimiento de uno mismo con meditación, deporte, evasión, disfrute. Si tenemos la oportunidad de compartir experiencia y conocimiento con personas que se inician, siempre retorna satisfacción y experiencias enriquecedoras.
  • Evaluar siempre el retorno de la inversión de nuestro tiempo y dinero.
  • Ejecutar las rectificaciones o acciones correctivas con precisión y preservando las lecciones aprendidas para no repetir los mismos errores.
  • Identificar y cuantificar regularmente el valor que aportamos a nuestras empresas.
  • Mantener la atención dentro o fuera de mi empresa para aprender, testarse, compararse, retarse, mantenernos activos.
  • No perder el sentido de alerta, manejar nuestros propios indicadores.
  • Tomar las decisiones basándonos en datos siempre que sea posible.
  • Resiliencia y versatilidad, son cualidades generales en los profesionales del mantenimiento, que en un entorno como el que vivimos, marcan la diferencia sobre otro tipo de profesionales. La industria evoluciona y nosotros también.
  • Y el más importante: Manejar nuestra propia obsolescencia, valorando qué es mejor para uno mismo, dependiendo de en qué momento de nuestra carrera-vida nos encontremos.La obsolescencia en este caso no está marcada nunca por la edad sino por la actitud ante el cambio.

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